Etapa marcada por un desarrollo mental extraordinario. El niño conquista, a través de las percepciones y los movimientos, todo el universo práctico que le rodea. Lo refiere todo a sí mismo, a su propio cuerpo. A medida que se inician el lenguaje y el pensamiento se sitúa en un universo más amplio y exterior a él.
Comienza a construir los símbolos. Tiende a la interpretación "mágica" de la realidad. Confunde lo que es de sí mismo y lo que forma parte del mundo que le rodea. Construye sus conceptos a través de la manipulación directa. Distingue la palabra del objeto que representa. Es egocéntrico en su interpretación de la realidad. Aumenta su vocabulario a gran velocidad.
Pensamiento intuitivo. Experimenta terrores personales que son normales. Desarrolla el concepto de identidad individual y su autoestima. Tiene una rica imaginación que le ayuda a entender lo real. Ha desarrollado el concepto básico de la narración, una percepción selectiva y la observación. Tiene un concepto de moralidad absoluta.
Reconoce la existencia de opiniones distintas a la suya. Desarrolla preferencia por los temas realistas y pide que se le expliquen los reglamentos de las cosas. Reconoce la posibilidad de interpretar palabras y hechos de diversas maneras. Recuerda y organiza los conocimientos, separando pensamiento de percepción y acción.